Colombia en notas

Espacio para conocer la música de Colombia. Información sobre la música folclórica, popular, las nuevas tendencias musicales y los artistas colombianos.

Wednesday, October 18, 2006

Bambuco con sabor a ron

El reto de la música folclórica es conseguir el patrocinio en la industria discográfica. Un dueto de piano y contrabajo, que interpreta música cubana y colombiana, lo logró
Por Juliana Cañaveral Vélez
Edelsa Santana confesó después que se sentía muy nerviosa. No necesitaba decirlo, su voz cubana intentaba cortarse cada vez que dejaba el piano y tomaba el micrófono para hacer alguna dedicatoria o agradecer a alguien. Sus manos secas y de uñas extremadamente cortas se volvían inquietas cuando abandonaban el teclado. Aún así la presentación había sido un éxito. Junto a su compañero Mauricio Acosta, Edelsa, por fin, había logrado lanzar un disco.
Nos y otros, "Porque somos nosotros y los otros que a veces nos acompañan", dice Edelsa para explicarle al público el nombre del dueto de piano y contrabajo, este último interpretado por Mauricio. Su música es una combinación de las notas cubanas y los diversos ritmos de la zona andina de Colombia. Bambucos y pasillos acompañan la versión alegre de la famosa Guantanamera.
Mauricio y Edelsa combinaron la música folclórica de sus países
Edelsa jamás pensó que ella podría estar en el lugar de aquellos artistas que admiraba, mucho menos que estos intérpretes la acompañarían en sus canciones. Pero así fue. José Daniel Saboya, unos de los tres hermanos que conforman el trío Palos y Cuerdas, estuvo al lado de aquel enorme
piano negro para acompañar con la guitarra temas como el pasillo de Lucho Bermúdez, "Espíritu colombiano", y para dar una mirada de respaldo a Mauricio, que se encontraba con su contrabajo al otro lado de la tarima.
Esa noche muchos recibieron su cuota de felicidad y satisfacción. Edelsa y Mauricio lanzaron su disco, José Daniel celebraba su apoyo al dueto, amigos de los músicos, como Santiago, que también los acompañó en algunas canciones con los tambores y la guacharaca, compartían su alegría, el ingeniero de sonido que estuvo presente en la producción del disco o Leito, como lo llama Edelsa, contemplaba la obra.
Mario Acosta, padre de Mauricio, también cumplió un sueño. Inspirado en su natal Villa de Leiva, alguna vez Mario había compuesto un Bambuco que nombró "Rinconcito boyacense", cuando Mauricio conformó el dúo, su padre comenzó a soñar con que algún día pudiera grabar su canción y que al interpretarla la gente se pusiera de pie para aplaudirlo. "Rinconcito boyacense" ya estaba en el disco.
Esa noche, en el auditorio del Gimnasio Moderno en Bogotá, alrededor de x personas, después de escuchar a José Luís Ortiz cantando ese bambuco que repetía "rinconcito boyacense, campiña de las olivas", aplaudieron con entusiasmo a Mario, mientras una intensa luz alumbraba su cara de alegría.
Nos y otros, no sólo había tenido que enfrentar el poco apoyo que recibe la música folclórica, también algunas críticas a las versiones que realizaban. Aún así siguieron mezclando el folclor de sus dos países de origen y sacaron adelante versiones como la realizada de "Vino tinto" una guajira cubana. Valga mencionar que en Cuba, se le llama guajira a las campesinas y a este suave ritmo musical.
Cada uno ha debido enfrentar sus propios retos. Edelsa confiesa que nunca pensó en tocar canciones como "San Pedro en el Espinal" un bambuco fiestero bastante rápido, pero lo intentó y la agilidad de sus manos no la defraudó. Mauricio, bastante tímido, no mira nunca al público, se concentra en sus partituras y al final saluda modesto a sus familiares, mientras Edelsa se encarga de dar autógrafos y firmar los discos que los espectadores pudieron comprar por veinte mil pesos.
Ambos esperaban que su música tocara los corazones de quienes la escuchaban, por eso prepararon dos canciones extra para su presentación por si el público les pedía que volvieran. Así fue, luego de los insistentes aplausos, ellos regresaron con sus trajes negros, para agradecerle al público por llamarlos de nuevo, contarle de manera chistosa que ya
Nos y otros cuenta siempre con músicos que acompañan sus canciones. Santiago es un cubano amigo de Edelsa.
tenían preparado algo porque esperaban que les pidieran otra y tocar las dos últimas canciones que tuvieron que esperar a que a Edelsa le cambiaran la silla porque se estaba cayendo y el piano cada vez le quedaba más alto.
Entre nervios, chistes y música, Nos y otros superó la prueba, la de ellos, la del público y la de quienes asistieron al concierto con la intención de apoyar esta iniciativa musical. Así, Olga Lucía Pérez, representante de la Fundación Funmúsica, quedó bastante satisfecha con la producción que presentó el dueto y se pondrá en la tarea de respaldar su carrera.

Wednesday, September 27, 2006

Popular o hijo de papi



La nueva ola del Vallenato ha despertado admiración y rechazo. Más que un género musical; esta tendencia pone en juego costumbres, tradiciones y hasta clases sociales.

Ustd es un hijo de papi. Eso le dirían algunos críticos de la nueva ola del Vallenato si a usted le gusta escuchar a los más recieentes artistas de este género. Los juglares, como se les conoce a los intérpretes del Vallenato clásico, no comparten completamente los cambios que ha sufrido esta música folclórica, aunque no lo dicen de manera abierta. De acuerdo o no, la nueva ola es un estilo que cada día adquiere más fuerza.

"El Vallenato es para gente popular". Aunque esta frase esté entre comillas, citar a quienes la han pronunciado sería bastante extenso. Artistas, disc jockeis, jóvenes y adultos, que saben del tema, coinciden en ello. Sin embargo, la palabra popular no sólo hace referencia a los estratos bajos, su significado también remite a las tradiciones y costumbres del pueblo. Precisamente eso es, desde su origen, lo que ha querido expresar el vallenato: las experiencias cotidianas de los compositores y de quienes los rodean.

Pero hablar de origen es bastante complicado. Remontarse al inicio de esta música es hacer un viaje hasta el siglo XIX, cuando se daban los primeros pasos en la formación de un género que aún no tenía nombre. Eso por mencionar sólo desde la aparición del acordeón en Colombia; cuando; como lo dice el escritor y compositor, Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa; algún marinero trajo un raro instrumento que no le gustó a la clase alta. El acordeón comenzó acompañando los ritmos autóctonos, en las parrandas de las clases populares de Valle de Upar; hasta consolidar, ya en el siglo XX, lo que hoy se conoce como Puya, Son, Paseo y Merengue; los cuatro aires del Vallenato.

Esta mención a la historia para entender por qué hoy, Mario Ruiz, un sincelejano de 23 años, que conserva las tradiciones de su región, dice que la nueva ola "con su ritmo chillón es la plancha del Vallenato". También para explicar la aparición de la primera generación de juglares, esa de la que se recuerdan nombres como Abel Antonio Villa o Alejo Durán; la misma que estableció esta música como forma de contar las situaciones curiosas, los amores y desamores, narrar las costumbres o exaltar a la mamá; aquella de Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales que, como solistas - acordeoneros, acompañados de caja y guacharaca, dieron a conocer el único ritmo folclórico de Colombia que aún se escucha en emisoras y discotecas.

Sin embargo, a estos músicos y a otros posteriores, como Rafael Escalona y Leandro Díaz, los sucedió una generación que dividió en dos la historia vallenata. Diomédez Díaz, Jorge Oñate y Rafael Orozco, entre muchos otros; marcaron un hito al dividir las funciones de compositor, cantante y acordeonero. Desde entonces, seguidores e intérpretes del vallenato clásico, han visto, con nostalgia, como el folclor se ha modificado para adaptarse a las exigencias de un público más joven y como, en palabras del cantante Chiche Maestre, "ha caído rendido a la magia de los medios de comunicación".

Buen viento y buena mar

"Ojalá las novedades en la interpretación del acordeón, no lleguen tan lejos como para adulterar la originalidad y borrar el sello de lo raizal, indispensable en todo hecho folclórico", ese era el miedo de Gutiérrez Hinojosa hace más de diez años y ese es el punto central de la polémica actual. La nueva ola del Vallenato tiene tantos adeptos como críticos; aunque, independientemente de esto, sigue ocupando primeros lugares en las emisoras, vendiendo discos y llenando bares.

Chiche Maestre dice con prudencia: "la nueva ola conserva la alegría del ritmo, dándole un aire juvenil pero dejando de lado la poesía. Allí no hay mayor esfuerzo". Él no quiso admitirlo, pero sus más cercanos amigos dicen que no gusta para nada de esta tendencia, pues pierde la esencia y el sentido principal del vallenato: contar las costumbres de los campesinos y habitantes de una región.

Las viejas canciones son ahora el recuerdo de los más adultos; como el papá de Mario, un hombre que aún vive en su tierra, Sincelejo, y lamenta la influencia de géneros como el Reggaeton diciendo que "se prostituyó el ritmo". Los demás cantan al compás de Silvestre Dangond o Peter Manjarrés, artistas que han impulsado esta tendencia mucho más comercial y que han logrado llegar hasta jóvenes como Marcela Acosta, una bogotana de 21 años, estudiante de derecho; que canta, sin equivocarse, temas como Amor de mi sabana, de Manjarrés o Así de Fácil de Otto Serge.

Sin embargo en el ámbito juvenil la opinión también se divide. Mario, por ejemplo, conoce a fondo la tradición vallenata, admira a los intérpretes clásicos pero baila con alegría las canciones de la nueva ola, aunque no todos los artistas de ésta son de su agrado. "Jorge Celedón es una vaina que no escuchamos allá (Sincelejo). Es un paquete completo", dice Mario.

Vallenato, el mismo género, o mejor, el mismo nombre, porque en realidad las diferencias son bastantes: los temas, el ritmo, los intérpretes, los instrumentos, la difusión y las opiniones. Mientras para el 'Chiche' se sacrificó la costumbre por la comercialización; para Fabián Ramírez, disc jockey de La Vallenata, la nueva ola es mejor aceptada por su alegría y juventud. Según Ramírez "el Vallenato es para la cultura popular y los intérpretes clásicos dicen que la nueva ola es hecha por hijos de papi para hijos de papi".

Pero no todo está perdido, eventos como el Festival de la Leyenda Vallenata intentan conservar la tradición, a tal punto que los grupos deben tener guacharacas de madera, esas que se usaban antes de fabricar las de metal y, que según los campesinos, suena como el ave de su mismo nombre. Los juglares reciben el título de 'Rey'; los nuevos artistas, discos de oro y otros premios similares.

La nueva tendencia es un fenómeno que ha dado para todo. Tradición, comercialización; rechazo, admiración; Vallenato clásico o nueva ola, ¿qué es mejor? Usted decide.